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| Desde
tiempo inmemorial, se ha tendido a identificar la "normalidad"
física con la capacidad humana. En determinadas épocas y
civilizaciones incluso se decretaba la muerte física de los recién
nacidos con algún problema físico. El sentimiento de la belleza,
la cultura corporal, el desarrollo de las expresiones audiovisuales y la
idolatría deportiva han contribuido, sin duda, a una imagen de la
"perfección" que, incluye una sistemática subestimación
de aquellos valores intelectuales, éticos o artísticos que
no se traducen en una apariencia inmediata.
Dentro de esta poderosa corriente, a pesar de los avances realizados en la estimación y apreciación de las personas que no responden a los baremos de normalidad establecidos -al punto de que, hasta no hace mucho, eran calificados oficialmente de subnormales- es obvio que en el mundo de los llamados "discapacitados" subyace una injusticia que es necesario corregir. Porque a las limitaciones físicas o psíquicas perceptibles habría que añadir las posibles capacidades humanas de quienes se encuentran en tales situaciones. No se trata, por supuesto, de probar hasta que punto tales personas son capaces de realizar, superando sus limitaciones físicas o psíquicas determinados actos artísticos, deportivos, o de cualquier otro género. Se trata de descubrir y permitir la expresión de su personalidad, de ayudarles a vencer los prejuicios que les impone el conjunto de la sociedad. El nivel de humanidad se manifiesta, básicamente, a través de la capacidad del pensamiento y de la creación. Y lo que pretende este Congreso, basado, sobre todo, en el principio de solidaridad, es poner en evidencia la creatividad y sensibilidad de quienes conforman el mundo de los mal llamados discapacitados. Y decimos mal llamados porque -y así debe mostrarlo el Congreso-, en muchos casos, se trata, simplemente, de personas que superan sus limitaciones instrumentales de expresión, poniendo de manifiesto el valor de sus capacidades artísticas. El Congreso aspira a crear un espacio de encuentro, indiscriminado y solidario, basado en la creatividad, en la autoexigencia de muchos seres humanos de superar las limitaciones, sustancialmente injustas, que definen su existencia. En definitiva, es un escalón más en esa búsqueda de la solidaridad y la justicia social que han sido, desde siempre, la alternativa a la exclusión sistemática de los más débiles. En Altea, habrá sesiones teóricas y expresiones artísticas, conferencias, debates, representaciones teatrales, conciertos, exposiciones y sesiones literarias. Y es seguro que vamos a aprender todos, pues distintas son nuestras capacidades y de todos hay que aprender. A fin de cuentas uno de los logros de este tipo de manifestaciones es que ponen a prueba la capacidad de quienes, tantas veces han hecho del prejuicio una profunda discapacidad. |